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Astronautas experimentan cambios cerebrales en el espacio

Astronautas experimentan cambios cerebrales en el espacio

La microgravedad afecta al cerebro de los astronautas que participan en las misiones espaciales de largo plazo, según un estudio realizado por un equipo científico internacional y publicado en la revista The New England Journal of Medicine.

Un equipo de la Universidad de Michigan estudió a 26 astronautas que pasaron diferentes cantidades de tiempo en el espacio, entre los años 2008 y 2012. Doce de ellos pasó dos semanas como parte de la tripulación de un transborador, mientras que el resto pasó seis meses a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS).

Después de analizar los resultados de las resonancias magnéticas a las que fueron sometidos los astronautas antes y después de sus viajes, los científicos encontraron que todos experimentaron tanto un incremento como disminución de la materia gris en diferentes regiones del cerebro. Es necesario recordar que la materia gris es responsable de muchas de las funciones más importantes del cuerpo humano, incluyendo el control de los músculos, las emociones, la memoria y la percepción sensorial.

Evidentemente, aquellos que pasaron más tiempo en el espacio sufrieron el mayor impacto.

Los autores de la investigación relacionan estas alteraciones con el llamado síndrome de déficit visual y presión intracraneal (o síndrome VIIP, por sus iniciales en inglés), que afecta a algunos astronautas cuando llegan al espacio y que puede prolongarse cuando vuelven a la Tierra y se ven expuestos de nuevo a la gravedad.

Otros efectos de la vida en el espacio incluyen la congestión nasal (por la redistribución de fluidos hacia la parte superior del cuerpo); los trastornos de sueño (por la pérdida de la referencia del día de 24 horas); un exceso de flatulencias (sobre las que los médicos aconsejan a los astronautas que no se retengan); y posiblemente un aumento del riesgo de cáncer (por la exposición a las radiaciones del espacio).

Trabajando con la División de Ciencias de la Vida Espacial de la NASA a principios de los 90, Donna Roberts ya era consciente de los desafíos que enfrentan los astronautas durante los vuelos espaciales de larga duración. Roberts estaba preocupada por la falta de datos que describían la adaptación del cerebro humano a la microgravedad, por lo que propuso a la NASA que la resonancia magnética (MRI) se utilizara para investigar la anatomía del cerebro después de un vuelo espacial.

“Imagina que la gravedad empuja todos los fluidos hacia tus pies, el problema es que esto no sucede en el espacio. Esto tiene como consecuencia que haya más fluido dirigido a la cabeza, lo que explica por qué vemos tantas fotos de astronautas en las que aparecen con el rostro hinchado”, aclara Rachael Seidler, líder del trabajo.

Para comprender mejor los resultados del estudio, Roberts y el equipo planean comparar las imágenes de post-vuelo repetidas de los cerebros de los astronautas para determinar si los cambios son permanentes o si volverán a la línea de base después de algún tiempo en la Tierra. “No sabemos si los efectos adversos en el cuerpo continúan progresando o si se estabilizan después de algún tiempo en el espacio”, se pregunta Roberts.

 

Fuente: agencias

 

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