lunes 20 noviembre 2017
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El secreto de los tarahumaras para ser tan resistentes

El secreto de los tarahumaras para ser tan resistentes

A fin de entender la resistencia de los tarahumaras (o rarámuris) y su relación con el correr, Luis Alberto Vargas Guadarrama, del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM, junto con sus alumnos Javier Rivera Morales y Martha Balcázar Quintero, estudian cómo el ambiente y factores biológicos, culturales, geográficos y alimenticios explican las características físicas de esta comunidad.

“Este proyecto va de la molécula a la sociedad. Aquí no vemos el fenómeno de la carrera como algo folclórico, sino nos preguntamos ¿de dónde viene esto?, ¿por qué estas personas se encuentran ahí? ¿Cómo se organizan socialmente?, subrayó Vargas Guadarrama.

La iniciativa surgió hace seis años a partir del interés de Alcázar (nutrióloga) y Rivera (antropólogo físico) de ahondar en el tema. Para ello aprovecharon sus contactos establecidos con colegas como Patrick Pasquet (del Centre National de la Recherche Scientifique) y se dieron a la tarea de estudiar a los tarahumaras no en un sentido anecdótico, sino en toda su complejidad.

Para el investigador del IIA, algo que debe tomarse en cuenta es que, aunque la carrera rarámuri se conoce desde hace tiempo y está acuciosamente documentada, ésta ha sufrido cambios importantes a últimas fechas debido a la industrialización.

“Ahora tienen patrocinios, les llevan bebidas comerciales y se organizan carreras supuestamente tarahumaras en el Bosque de Chapultepec y todo ello ha hecho que esta actividad pierda parte de sus componentes. Sin embargo, también hemos encontrado que subsisten raíces muy importantes en el fondo”, subrayó.

Más que una actividad física, una cosmovisión

A decir de Vargas Guadarrama, tras analizar los resultados obtenidos, resulta claro es que la carrera para los tarahumaras no es algo competitivo —como lo sería para nosotros— sino consecuencia de una forma de vivir, de concebir el mundo y de ver el universo, y por ello es preciso evaluar su cultura, sus condiciones de subsistencia y cómo se han relacionado con lo que les rodea.

“La carrera tiene un componente ideológico y de cosmovisión que aún no se ha esclarecido, pero todo parece indicar —porque no hay fuentes históricas— que está muy relacionada con el Sol, el cual es representado en la bola pateada por los corredores mientras se desplazan, lo cual podría representar el tránsito del astro a través del cielo y relacionarse con situaciones hidrológicas muy profundas”.

Para el también médico, cada elemento se relaciona con otros y así, esta cosmovisión ligada a los ciclos solares y el agua inevitablemente se liga con uno de los pilares alimenticos de esta cultura: el maíz, el cual no sólo es su alimento básico, sino que en la tierra tarahumara crece una variante única, producto de una selección de siglos que ha dado como resultado una planta muy diferente a las otras y que les proporciona los elementos requeridos para la actividad rarámuri.

Esta delgada línea que une a dos ámbitos aparentemente inconexos es para Vargas el mejor ejemplo de cómo procede la antropología física al intentar establecer una visión de conjunto y aportar respuestas mucho más amplias que las brindadas por las disciplinas tradicionales, las cuales al impulsar investigaciones enfocadas en ciertas parcelas sólo brindan una pequeña pieza del rompecabezas.

Para ejemplificar cómo se hila este complejo entramado, el doctor en Biología habló de una bebida de maíz tostado y molido: el pinole, el cual no sólo se puede almacenar por años, sino que al beberse aporta los nutrimentos y energía necesarios para carreras largas.

“Como médico, gran parte de mi actividad se centra en la nutrición y por eso consideramos esta parte muy relevante, aunque no la única, porque un elemento no puede explicarse sin el otro. Así, poco a poco vamos construyendo una visión más global del asunto”, expuso.

La sierra, clave para entender la vida tarahumara

La comunidad tarahumara consta de asentamientos dispersos a lo largo de la sierra, lo que los obliga a los integrantes de esta comunidad, desde muy pequeños, a recorrer grandes distancias. Ello ha ido preconfigurando esa resistencia corporal que, desde un principio, ha sorprendido a los visitantes de la región.

“La topografía del lugar, con sus subidas y bajadas prolongadas a veces por kilómetros, obliga a los rarámuris a caminar y a correr para llegar a sus destinos. Esta actividad física cotidiana influye en que estén en mejores condiciones incluso que en poblados vecinos”.

Sobre este punto, Vargas destacó el trabajo realizado por su alumno Javier Rivera, quien como antropólogo físico ha visitado decenas de veces la región para analizar la influencia del ambiente en los rarárumis y cómo impacta en sus organismos.

“Él se ha dedicado a estudiar qué cambios han ocurrido en este grupo indígena a fin de explicar su éxito como corredores. Lo que ha hecho es dejar de pensar linealmente para indagar cómo ciertas características han sido seleccionadas a lo largo de la historia, y no lo hace sólo desde la genética, sino desde la adaptación biológica”.

Hasta el momento, lo que ha encontrado son algunos cambios en el esqueleto y en la proporción de las piernas, pero quizá lo más interesante es que desde lo genético no ha hallado genes específicos para la carrera, pero sí algunos que parecen estar ligados al metabolismo, al aprovechamiento de sustancias y a la resistencia. Los resultados no son definitivos, pero es un aspecto que complementa lo que realizado hasta ahora, indicó.

Acerca de estas nuevas corrientes tanto en EU como en Europa que hacen confluir diversas disciplinas para explicar fenómenos complejos, Luis Vargas expuso que aunque en el orbe son novedad, es algo que desde hace décadas se practica en México.

“En el mundo redescubrimos el agua tibia a cada rato. Algo de lo que nos sentimos muy orgullosos es de que los antropólogos físicos mexicanos siempre hemos tenido una visión integradora de la sociedad, la biología, la cultura y la alimentación”.

No obstante, señaló, el problema es que en el país siempre consideramos que esta forma de trabajar era tan natural, que no publicamos nada al respecto, y por eso hoy sorprende que salgan trabajos que contemplan todos estos aspectos en el extranjero.

A fin de evitar esto él y su equipo contemplan sacar una publicación con los resultados del proyecto. “Falta afinar detalles y obtener más datos, pero esperamos que esté pronto. Eso nos emociona”.

Fuente: UNAM Global / Omar Páramo

 

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